viernes, 9 de enero de 2009


Hoy he sentido lo mismo que siente un niño cuando ve el mar por primera vez, esa alegría que producen aquellas cosas que se observan de cerca cuando normalmente sólo se ven a través de una pantalla. Abrir la ventana y ver que todo está blanco y que la nieve no da tregua ha sido toda una sorpresa. Madrid se ha convertido en un mural digno de captar por cualquier retina. Los parques, los mumentos, las calles se han hecho protagonistas de excepción, aquellos lugares por los que pasamos una y otra vez sin apenas levantar los ojos del asfalto se observaban como si fuera territorio virgen. Y es que la nieve consigue sacar esa parte infantil que todos llevamos dentro y que pocas veces llega a ver la luz. Lo mejor sin duda ha sido descubrir que la mejor manera de ver la nieve no es a través de una ventana sino saliendo a la calle y dejándo que te cubra por completo mientras aprecias de nuevo esa ciudad que una vez, hace ya mucho tiempo, te dejo sin habla.

jueves, 11 de diciembre de 2008

No me gustan las distancias largas, ni las medias, siempre se me rompen. Odio viajar en autobús, las horas se hacen eternas y los atascos siempre me pillan en medio. No me gusta no poder dormir por el calor, los grados de más siempre sobran y caldean el ambiente. No soporto madrugar, aunque me acueste temprano, no hay ningún sonido óptimo para un despertador ni eufemismo que me haga levantarme con menos bostezos.
No soporto que mi móvil no suene en todo el día, se está empezando a convertir en un arma de destrucción masiva que ni el más experto artificiero se atrevería a manipular. No me gustan los sonidos estridentes, ni la música de quita y pon, me gusta la que es imperturbable, esa a la que, por muchos años que pasen, no le cuelgan las telarañas, la que despierta los sentidos y alimenta el alma. No me gustan las películas de terror, me dan miedo, prefiero reírme hasta que me duela, cosa que últimamente apenas hago. Me gusta sentir el frío en mi cara, el viento que sabe a salitre y huele a arena mojada. No me gustan las despedidas, sobretodo las que indican que es para siempre, se me hace eterno. Me gusta soñar con los ojos abiertos, porque nunca te despiertas y nada te estropea la fantasía. Me encanta viajar, aun más cuando el destino es mi hogar, reencontrarme con aquellas personas que veo menos que poco y a las cuales recuerdo la mayoría del tiempo. Me gusta sentirme bien, en casa, rodeada. Me gusta perderme entre la gente, ser una más en la multitud y sentirme grande por ello, llegar lejos por mi propio pie y respirar profundamente al cruzar la meta. Convertirme en ermitaña cuando cruzo las puertas de mi intimidad y disfrutar de mi soledad siendo anacoreta. No creo en los milagros, ni en las promesas, es muy fácil creer en ellas y que no se cumplan. No me gusta la traición ni la falta de educación. No confío en los desconocidos ni en quienes hablan para luego no demostrar. No me gustan las palabras de poco peso, siempre se las acaba llevando el viento. Confío en llegar algún día al futuro, pisarlo y descubrir que está hecho para mí, que no se trata de mitología de bajo presupuesto. Espero que el cambio climático o la falta de valor no lo destruyan antes de llegar.

martes, 9 de diciembre de 2008

Llanes, donde mar y montaña son hermanas siamesas.


















viernes, 21 de noviembre de 2008

Ser hija única es un rollo. Hoy viendo un programa de hemanos y familias numerosas me he dado cuenta de que ser solamente uno tiene más inconvenientes que ventajas. Cuando era pequeña tenía que jugar yo sola con mis muñecas, no tenía nadie con quien pelearme y cada vez que algo se rompía era culpa mía, nunca existía el beneficio de la duda. Por otro lado siempre ganaba al parchis y al ajedrez aunque nunca sabía muy bien que color escoger...

Nunca he podido disfrutar de la visita de los amigos guapos de mi hermano, ni compartir el armario lleno de ropa de mi hermana. Siempre he sido la primera y la última para todo y nunca podré saber lo que es tener un sobrino...


No puedo negar que también tiene sus beneficios. Eres la favorita y la dueña de todos los regalos, no tienes que compartir los juguetes y la ropa nunca es heredada de tus hermanos.

Pero...de todas formas me hubiera gustado tener hermanos, bueno...muchos no, sólo uno, un hermano mayor, dos años por encima de mí, para que me fuera abriendo camino ante mis padres, me refiero a la hora de regatear minutos para salir de fiesta o para que me cubriera ante ellos en caso de emergencia...

Está claro que mis pensamientos son más idealistas que realistas, pero ya que no tengo hermanos puedo imaginármelos como me de la gana, pero para eso soy hija única.